sábado, 18 de abril de 2015

TTIP, poderoso caballero

TTIP, poderoso caballero

18abr 2015
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Alberto Garzón
Secretario de Proceso Constituyente de Izquierda Unida
Marina Albiol
Portavoz de la Delegación de La Izquierda Plural en el Parlamento Europeo
Las empresas multinacionales realizaban en 2012 dos tercios del comercio mundial de bienes y servicios[1]. Para estas grandes corporaciones, los derechos sociales conquistados en algunos de los países en que operan son un obstáculo que quieren barrer con la colaboración de los gobiernos de EEUU y de la Unión Europea. Y el Acuerdo Trasatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) es el instrumento que blanden en esta cruzada del santo grial del beneficio privado. La expresión de los versos de Quevedo se hace universal: “y quebranta cualquier fuero, poderoso caballero es don Dinero”.
Compañías como Exxon Mobile, General Motors, Chevron, General Electric, Gazprom o China National Petroleum, tienen presupuestos superiores a los de las economías de muchos países. De hecho, si hiciésemos una lista de las 100 economías mayores del mundo, más de un tercio de esa clasificación estaría ocupada por empresas.
Una gran parte de ellas radica en Estados Unidos o en países de la Unión Europea y luchan a muerte por su cuota de mercado, destruyendo a su paso los derechos sociales y el medio ambiente. Todo sacrificio es poco para colmar el altar de la tasa de ganancia.
El llamado “libre comercio” es una necesidad de la economía capitalista. Pero lo que es bueno para ellos no lo es para nosotros, pues “la mano que mueve el mercado” hace tiempo que dejó de ser invisible. Es muy visible y pretende siempre moverlo en beneficio de las grandes empresas. Utilizar la palabra “libre” para aplicarla a las normas de comercio que pretende el TTIP expresa todo el cinismo de las élites económicas y políticas del sistema capitalista. Precisamente es todo lo contrario. Quieren recortar la libertad para imponer sus normas con la protección de los estados. Así, en su juego, los gobiernos de los distintos países no deben tener la obligación de garantizar los derechos de sus trabajadores o consumidores cuando entran en conflicto con los intereses privados de las multinacionales, sino todo lo contrario. Deberán garantizar frente a cualquier derecho el máximo beneficio privado y barrer todo obstáculo, ya sea social, económico, político, de salud o medioambiental.
Son significativas algunas de las afirmaciones que se están lanzando para justificar la necesidad del Acuerdo Trasatlántico de Comercio e Inversiones que negocian la UE y EEUU. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo ha dicho, por ejemplo, que “las corporaciones tienen derecho a imponer determinadas condiciones para instalarse en un país. Por su parte, un lobista de Chevron ha afirmado que no es posible que pequeños países se la jueguen a grandes empresas”.
Porque aunque ahora intenten adornar el tratado con promesas de generación de crecimiento económico y empleo -eso sí, basadas en informes financiados por Deustche Bank, Banco Santander y Citigroup, entre otras-, lo cierto es que la UE nunca ha escondido el verdadero objetivo de este acuerdo, que no es otro que proteger a los inversores tanto en Europa como en EEUU.
De hecho, el documento que contiene las directrices del Consejo de la Unión Europea para la negociación deja bien claro que uno de los propósitos fundamentales de las negociaciones sobre inversión consistirá en negociar disposiciones sobre liberalización y protección de las inversiones para ofrecer el nivel más elevado posible de protección y seguridad jurídica para los inversores europeos en EEUU, establecer la promoción de las normas europeas de protección que incrementen el atractivo de Europa como destino de la inversión extranjera y ofrecer unas condiciones equitativas para los inversores en EEUU y la UE.
Mejor lo explicó Karel de Gutch, comisario de Comercio cuando empezaron las negociaciones, quien dejó claro que “el objetivo del TTIP  es eliminar normativas a ambos lados del Atlántico para que las empresas puedan operar libremente”. Se trata, por tanto, de que no haya obstáculos ni trabas para que las empresas accedan a los mercados o para la inversión.
¿Y cuáles son estas trabas y estos obstáculos? Es una traba para las empresas energéticas legislaciones que protegen nuestro medio ambiente e impiden la práctica del fracking; la sanidad pública es un obstáculo para las empresas que se dedican a la sanidad privada; el sistema público de pensiones es un inconveniente para los bancos que se dedican a los planes de pensiones privados; los controles sanitarios son una dificultad para la entrada carne tratada con hormonas.
Resumiendo, la democracia es un problema -hasta esta nuestra que es de baja intensidad-, es un estorbo que sean los gobiernos los que marquen las normas y las leyes en vez de ser las multinacionales. Sobre todo si estos no son gobiernos “amigos”. Pero la solución a sus problemas viene de la mano del TTIP, y tanto conservadores, como socialdemócratas o liberales, están dispuestos a que el tratado vea la luz lo más pronto posible.
El tratado UE-EEUU no lo está negociando en realidad una comisión negociadora de la UE con otra de EEUU. Lo están negociando las dos comisiones con las multinacionales, para que el acuerdo se adapte bien a sus necesidades y sus inversiones estén bien protegidas.
¿Y de qué deben protegerse las multinacionales? Deben protegerse de gobiernos que antepongan los derechos establecidos a los intereses de las grandes empresas, de gobiernos que legislen pensando en el pueblo, en sus derechos, en el medio ambiente y no en los beneficios de unas multinacionales voraces.
Con la firma del TTIP quieren imposibilitar que se puedan hacer políticas de izquierdas, aunque la izquierda gane en las urnas. Quieren dejarlo todo atado y bien atado, para que aunque haya cambio en los gobiernos en la práctica todo continúe igual.
Arbitraje privado (ISDS)
Y uno de los instrumentos que van a incluir en el TTIP para asegurarse de que gobierne quien gobierne el poder esté más arriba. Son los tribunales de arbitraje privados, el mecanismo de resolución de controversias entre inversores y Estados (ISDS), que permite a las multinacionales denunciar a los estados por legislaciones que puedan perturbar sus beneficios, presentes o futuros. Es decir, una multinacional podrá demandar a un Estado por normativas o leyes que dicte un gobierno democráticamente elegido en las urnas, si considera que éstas le pueden llevar no ya a una pérdida sino a una merma de sus potenciales beneficios.
De esta manera, aquellas administraciones que no se plieguen a los deseos de los magnates mundiales se verán expuestas a demandas multimillonarias a las que difícilmente podrán hacer frente. Y recordemos que esto no es una utopía de los grandes accionistas, este tipo de tribunales privados que se sitúan por encima de los sistemas jurídicos nacionales ya existen en el marco de otros tratados comerciales. De hecho, son ya muchos los estados que están teniendo que hacer frente a estas demandas por leyes antitabaco, por restricciones a la energía nuclear, o por proteger espacios naturales, medidas que las multinacionales entendieron como un perjuicio para sus potenciales ganancias.
El mandato negociador de la UE es claro al respecto “el Acuerdo debe tener como objetivo prever un mecanismo eficaz y vanguardista de solución de diferencias entre inversores y estados”. Y añade: “todas las autoridades y entidades de nivel inferior al central (como estados federados o municipios) deben cumplir efectivamente el capítulo de protección de inversiones de este Acuerdo”. Es decir, que también comunidades autónomas y ayuntamientos se van a ver condicionados por el TTIP.
Incluir el ISDS en el TTIP supone cerrar las puertas a cualquier por conseguir que la soberanía resida en manos de los pueblos. Por tanto hay que entender este Tratado como el intento de las élites económicas de blindarse frente a futuros cambios políticos y económicos que se puedan estar gestando. No se trata de un enfrentamiento territorial de EEUU contra Europa, no es que EEUU quiera arrasar con nuestros derechos. El enfrentamiento es de las multinacionales de ambos lados del Atlántico contra los ciudadanos y ciudadanas de Europa y EEUU. Lo que hay encima de la mesa es un paso más, un paso de gigante esta vez, de los poderosos para continuar enriqueciéndose a costa de la miseria de millones de personas en el mundo.
La globalización capitalista ha producido una concentración del capital como nunca antes se había dado. La perspectiva establecida por la economía marxista se ha visto confirmada de una manera rotunda. No cabe discusión sobre este punto. Vivimos una polarización del control de los recursos del planeta y de la riqueza que los sitúa cada vez en menos manos, mientras en el otro polo, la miseria y la pobreza crecen sin cesar. El TTIP pretende ser un instrumento en este camino abierto por la voracidad de las multinacionales.
Y la única manera que tenemos de combatirlo es con nuestra arma más poderosa, la unidad de los trabajadores y trabajadoras, la lucha común de los pueblos. Y por eso estamos llamadas a organizarnos, salir a la calle y movilizarnos. La próxima cita, este sábado 18 de abril.

viernes, 17 de abril de 2015

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miércoles, 15 de abril de 2015

El tanga olvidado

 Me he encontrado un tanga en un bolsillo de chandal de mi marido, y él dice que ese pantalón no se lo ponía desde hace diez años y no sabe como ha ido a parar el tanga ahí. Después se lo ha colgado en la estantería de cedes, junto otros dos tangas que tampoco sé de quién son. Menudo viejo verde está hecho...........aunque...........................

Seguramente se le perderían a alguna chica y él se las encontró, es lo más probable.

Resultado de imagen de foto de bragas

martes, 14 de abril de 2015

Nos gustan las mujeres poco hechas....por David Torres.

Nos gustan las mujeres poco hechas

14abr 2015
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17 comentarios
En Instagram puedes colgar la foto de una niña vestida como una puta pero no la foto de una mujer tumbada con una pequeña mancha de sangre menstrual. El período sigue siendo un tabú tan antiguo como el mundo. Tanto que la artista paquistaní Rupi Kaur se encontró con que la célebre red social había censurado una serie de fotos que intentaban precisamente normalizar el hecho de la menstruación. Las redes sociales se rigen por un criterio moral tan estricto como el Concilio de Trento en los tiempos en que ordenó alfombrar de túnicas y velos las entrepiernas de El Juicio Final de Miguel Angel. Allí donde colgaba una polla o asomaba un cojón, Daniele da Volterra y Girolamo da Fano corrían pincel en mano para añadirles un calzoncillo al óleo.
El culo más famoso de Instagram es el de Jen Selter, una fanática del fitness que cincela sus carnes a golpe de ejercicios y luego las fotografía para compartir en la red la gloria de sus nalgas. Es un culo acrobático, exagerado, hipnótico, un culo con curvas de nivel, mapa topográfico y vida propia, tan hiperbólico que parece irreal. Por eso mismo puede exhibirse sin pudor ni censura, porque no hay peligro de que nadie lo tome por un culo auténtico. No es como el de Rupi Kaur, que es un culo bello y modesto, casi velazqueño en su perspectiva, pero del cual gotea puntualmente el licor rojo de la vida.
En otra cosa no, pero en esto de la ignorancia de los procesos fisiológicos,Instagram recuerda un poco a Hitchcock que, cuando estaba rodando una de sus primeras películas, se enfadó mucho porque una actriz, con la excusa de que tenía la regla, se negaba a meterse en una bañera. Hubo que explicarle al bueno de sirAlfred -que por entonces aún no era sir pero que ya tenía 26 añitos- lo que era la menstruación. La represión sexual, fruto a medias del ambiente victoriano y de su educación católica, hirvió a cámara lenta en el cerebro de aquel gordaco genial, que en las siguientes décadas se hinchó a filmar tobillos y canalillos, y a matar señoras rubias en la pantalla, hasta que al fin logró el culmen de la violación en el séptimo arte: el brutal asesinato del frutero en Frenesí, quien, al terminar, se zampa a bocados una manzana, como si fuese Adán.
Aunque en Facebook hay docenas de páginas dedicadas a peleas de perros con fotos de animales destrozados a dentelladas, y docenas de páginas repletas de imágenes eróticas de adolescentes menores de edad, pobre de ti como se te ocurra subir una honesta y cuarentona teta. A Facebook, como a Instagram, le molestan las mujeres hechas y derechas; ellos prefieren seguir creyendo en los culos ingrávidos y en los bebés que vienen de París. En El escándalo de Larry Flinthay una escena hilarante donde Larry Flint, el editor de Hustler, interpretado con fogoso brío por Woody Harrelson, le pide a una preciosa modelo desnuda que se abra de piernas y luego le ordena al fotógrafo que saque “un primer plano del conejo”. El fotógrafo se niega, escudándose en la ley que marca esa extraña y nebulosa frontera entre el erotismo y la pornografía. Flint le pregunta: “¿Eres un hombre religioso? ¿Crees que Dios hizo a la mujer?” El fotógrafo asiente. “¿Y cómo hizo Dios a esta mujer? ¿Con coño o sin coño? ¿Y quién diablos crees que eres para corregir la obra de Dios?” Lo mejor de todo es que Milos Forman tampoco se atrevió.